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Fases típicas de la esquizofrenia

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Fases típicas de la esquizofrenia

Las fases de la esquizofrenia se clasifican en tres categorías principales: fase prodómica, fase activa y fase residual.


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Fase prodrómica (previa):

Es la fase en la vida de la persona que se produce antes del desencadenamiento de la enfermedad, apareciendo algunos síntomas psicóticos atenuados y solapados. Puede durar días, meses o incluso años. Se puede constatar que en algunas personas que sufren la enfermedad ya habían sido diferentes en la adolescencia o en la juventud. Pero no necesariamente tiene que ser así, hay casos en los que no se detecta ninguna anomalía previa en la persona que sufre de esquizofrenia.

Fase activa o crisis:

Es la fase donde se desencadena la enfermedad, son los llamados brotes o crisis, los síntomas que se producen son los positivos (alucinaciones, delirios, trastornos del pensamiento) y de desorganización. Es la fase en la cual la familia se alarma y suele pedir ayuda médica. Estas crisis pueden brotar repentinamente y desarrollar el cuadro completo en unos días. En otros casos el comienzo de la enfermedad puede producirse muy lentamente y de forma desapercibida. La duración de los brotes varía según la persona y puede extenderse desde unas semanas hasta un año. Un mismo enfermo suele tener brotes de duraciones parecidas. Lo mismo ocurre con los intervalos entre brotes, según las características de las persona puede oscilar entre meses y varios años y son generalmente de la misma duración en una misma persona.

Fase residual:

Tras el tratamiento, los síntomas positivos suelen desaparecer. Entonces es frecuente observar un deterioro más o menos acusado del nivel de funcionamiento premórbido. No la sufren todos los enfermos. En esta fase los síntomas negativos y cognitivos llegan a tener una mayor intensidad y el deterioro personal, social y laboral es grave.