Trastorno déficit de atención [TDHA]

Información y consejos ante niños con trastorno de déficit de atención con/sin hiperactividad (TDHA)

Durante los primeros años de vida, muchos de los niños que padecen este trastorno ya presentan algunos síntomas, pero es al empezar la escolaridad cuando se pondrán más de manifiesto. ¿Cuándo se inicia y cuánto dura el trastorno?

Está presente en el 3-5% de los niños en edad escolar. En la mayoría de los casos se mantiene durante la niñez y al llegar a la adolescencia la hiperactividad motora mejora, pero al menos una tercera parte de los casos continúan durante la edad adulta. Por otro lado, aún mejorando sus síntomas, pueden dejar importantes secuelas al afectar a las relaciones sociales, al aprendizaje y a la vida familiar.

¿Cómo se manifiesta el TDAH?

El niño que padece un TDAH presenta, entre otros síntomas: dificultades importantes para prestar atención, errores frecuentes por descuidos, dificultades para completar tareas escolares, impaciencia, inquietud constante, pierde cosas y olvida tareas, parece no escuchar, contesta antes de acabar la pregunta, se levanta del asiento en exceso, corre o se sube a los sitios en momentos inapropiados, habla en exceso, le cuesta jugar en silencio, interrumpe constantemente a los demás cuando hablan, etc. En la adolescencia mejora la hiperactividad motora, pero la inatención persiste y, en menor medida, también la impulsividad.
¿Cómo se diagnostica el TDAH?

Su alta prevalencia y la posibilidad de su mejoría mediante tratamiento médico justifican que todo niño de entre 6 y 12 años que presente hiperactividad, impulsividad y/o dificultades atencionales, así como bajo rendimiento escolar o trastornos del comportamiento, pueda recibir una evaluación médica suficiente para descartar que padezca este trastorno.

Siguiendo las recomendaciones del Instituto Norteamericano de Salud Mental (NIMH), el médico psiquiatra especializado en infancia y adolescencia es el profesional más indicado para realizar dicha evaluación diagnóstica. Ello se debe a que es el único profesional de la salud capacitado tanto para realizar su diagnóstico diferencial con otros trastornos mentales como para abordar su tratamiento global (no solo farmacológico), así como el de sus posibles complicaciones. No obstante, el papel del pediatra de Atención Primaria a la hora de establecer la sospecha inicial es crucial para su detección temprana.

Debe recordarse que, como en tantas otras enfermedades, no existen pruebas específicas (de laboratorio, de neuroimagen) que permitan afirmar o descartar su diagnóstico, por lo que este es fundamentalmente clínico. Dichas pruebas son en general inútiles (y caras), y solo necesarias en casos concretos para descartar otras sospechas diagnosticas fundamentadas.
¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento correcto, científicamente demostrado como eficaz en el TDAH, debe ser multidimensional (incluir intervenciones farmacológicas, pedagógica y psico-social), y dirigido a sus tres áreas de desajuste: niño, familia y escuela. No obstante, debe señalarse que, en España, el desarrollo tanto de las diferentes leyes educativas como de los planes de salud mental apenas ha tenido en cuenta estas necesidades, por lo que hoy por hoy su disponibilidad es parcial y limitada, quedando muchas veces reducida a lo farmacológico.

Cientos de estudios han demostrado que la medicación mejora el rendimiento atencional y la conducta exhibida en el TDAH. La primera línea farmacológica la siguen constituyendo los psicoestimulantes (principalmente el metilfenidato) aunque en la actualidad se han desarrollado algunos fármacos no psicoestimulantes (como la atomoxetina). Otros medicamentos, como la risperidona y otros antipsicóticos, algunos antidepresivos, la donidina y ciertos antiepilépticos pueden ser útiles en casos concretos.
Debe tenerse en cuenta que no son, como aún se cree, “medicamentos para el colegio”, sino que su administración debe mantenerse los fines de semana y vacaciones, por lo que un régimen de una sola toma diaria (como el que permiten los psicoestimulantes de liberación prolongada y la atomoxetina) facilita la relación familiar, así como la integración del niño en entornos extra-familiares (campamentos de verano, dormir en la casa de un amigo, etc.).

Las intervenciones psico-sociales complementarias incluyen la psicoeducación, el entrenamiento de padres en manejo de conductas, las terapias conductuales, los programas de habilidades (estos últimos con limitaciones), y las intervenciones psicopedagógicas en el entorno escolar. Ayudan a comprender el trastorno, a modular las conductas, a facilitar las habilidades de autocontrol y a mejorar las dificultades escolares.

Tratamientos como la homeopatía, los suplementos dietéticos y las dietas de eliminación (de azucares, de aditivos, etc.), las manipulaciones quiroprácticas, los tratamientos ópticos, los entrenamientos de integración sensorial (método Tomatis) las terapias de juego o las terapias psicodinámicas no han demostrado, hasta la fecha, ninguna utilidad en el tratamiento del TDAH.
¿Cuáles son las consecuencias de no tratar el TDAH?

La evolución espontánea y sin tratamiento a la curación; opinión sostenida hace años en algunos medios, apenas se produce. El síntoma más llamativo, la hiperactividad, tiende a reducirse o desaparecer con los años, pero la inatención y la impulsividad muchas veces persisten en la adolescencia y la vida adulta. Por otra parte, sus síntomas no tratados provocarán dificultades académicas y favorecerán el fracaso escolar, complicarán las posibilidades de socialización normal del niño y determinaran una mayor presencia de conductas de riesgo (accidentes, consumo de drogas), más importantes y más persistentes en el tiempo que en la población sana. Así son adultos con un nivel educativo por debajo de sus posibilidades reales, un nivel laboral igualmente más pobre, problemas en sus relaciones de pareja y mayor riesgo de presentar toxicomanías y otros trastornos mentales.